Luna Maran
producción audiovisual
22 diciembre, 2011
21 diciembre, 2011
Aquí Cine

Aquí Cine, es una muestra de cine itinerante que se llevará acabo en distintas comunidades rurales del estado de Oaxaca: Guelatao de Juárez; Teotitlan del valle; Tlahuitoltepec, Mixes; Ayutla, Mixes y Villa de Zaachila en los meses de enero y febrero del 2012, cuyo objetivo es presentar al público una muestra de cine mexicano contemporáneo, entre lo que destaca las producciones premiadas por el Festival Internacional de Cine de Morelia en su edición 2011 en las categorías de mejor largometraje documental:Silvestre Pantaleón del realizador Roberto Olivares; mejor animación mexicana, Prita Noir de Sofía Carrillo, mejor cortometraje de ficción, Mari Pepa de Samuel Kishi. Y el multipremiado largometraje de ficción Norteado de Rigoberto Perezcano.
TODA LA INFORMACIÓN COMPLETA EN
http://aquicinemuestra.blogspot.com/2011/12/aqui-cine.html
Directorio
Coordinación
Luna Marán
luzdelanada@yahoo.com.mx
Damián López
didxa13@gmail.com
Responsables por Comunidad
Guelatao
Juan José García
nagatuni@yahoo.com
Teotitlan
Beto Ruíz
zapo_rg@hotmail.com
Tlahuitoltepec
Tonantzin Díaz Robles
mutskiixy@gmail.com
Ayutla
Yasnaya E. Aguilar
yasnayae@gmail.com
Zaachila
Huged Cuevas
tina_ummagumma@hotmail.com
Aquí cine es una iniciativa de La Cooperativa Audiovisual apoyado por el Programa para el Fortalecimiento Artístico y Cultural de las Iniciativas Ciudadanas 2011 (C11)

20 agosto, 2011
"Me parezco tanto a ti": juego de espejos
“Para mí era pecado tener dos novios, ahora es pecado tener sólo uno”, así, una de las protagonistas de Me parezco tanto a ti define la diferencia entre su vida y la de sus nietas. Me parezco tanto a ti (México, 2011), cortometraje documental de 23 minutos, aborda la vida de seis mujeres de Guelatao, Oaxaca.
Tres adolescentes y tres abuelas hablan sobre sus vidas, sus expectativas, su pasado, sus novios, sus esposos, hijos, embarazos; sobre las cosas que no fueron, sobre las cosas que ojalá sean, sobre las cosas que las definieron y que las definen ahora. La joven realizadora oaxaqueña Luna Marán realiza una especie de carta de amor hacia el individualismo femenino y la otredad que lo refuerza. Las mujeres que habitan Me parezco tanto a ti (Cecilia Ruiz, Lucia Sánchez, Lucila Arce, Michel Aguilar, Natalia Wezyla García y Ofelia Bautista) recuerdan, lamentan, planean, exponen, se arrepienten, comparten, y miran para adelante. Algunas están serenas ante lo que significó su vida, otras lucen impacientes por empezar a significarse; entre todas se entrelaza un vínculo que hace ver que la existencia de unas no se comprendería sin las otras, que la adolescente es espejo de su abuela y viceversa, y que lo único que las separa son los años.
Este sentimiento es reforzado por la puesta en escena de Marán, evitando formulismos y caminos sobreexplotados del documental etnográfico. La joven directora logra mostrar una voz propia, incluso corre el riesgo de plantear estados de ánimo, de detenerse en imágenes aparentemente banales (algo temerario para aquellos puristas que gustan de documentales que les dejen claro en los primeros cinco minutos de qué va a tratar el asunto). Camiones transitando, mujeres yendo al mercado, niños jugando con nada, animales de granja extraviados, seres humanos que se observan por el placer de mirarse. Marán no tiene miedo y muestra aplomo al momento de tomarse su tiempo para relatar la historia. Este detenimiento por el diario transcurrir del pueblo hace click a la hora de que las mujeres protagonistas empiezan a hablar sobre sus vidas, pues, sin un esfuerzo aparente y mediante el uso de un tono corpóreo, se puede ver que esas vidas se han desarrollado en las calles y alrededor de la gente de ese pueblo.
Cuestión de enfoques
Los aspectos técnicos apuntalan y realzan el drama, la fotografía de Jhasua Camarena y de la misma realizadora es notable, su manejo del color se ve repleto de inventiva, y provee a la película de un preciosismo que no apantalla sino que complementa. La meditativa banda sonora, compuesta en su gran mayoría por el músico tapatío Kenji Kishi, subraya, sin esforzarse demasiado, los desafíos que plantea el devenir de una cotidianidad de la que hay que cuidarse para no terminar siendo aniquilado. La edición y diseño sonoro de Sofía Gómez Córdova logra establecer los tres tiempos de la narración de una manera orgánica, con una armonía sencilla y a la vez compleja, lo cual exige a la larga una colaboración más comprometida del espectador, mucho más lúdica y cerebral.
El resto lo hacen las protagonistas, la afable abuela de pocos dientes que recuerda con nostalgia los himnos que aprendió de niña; la adolescente rockera que declara sin pudor el no sé qué que le provoca la presencia de un chico de su edad; la madre de familia veterana en las lides de dar consejos y recibirlos ("hay que ver cualidades , sobrellevar defectos" , “si hubiera encontrado un esposo como mi papá, no lo hubiera aguantado”); la chava embarazada que no sabe muy bien en dónde ha aterrizado la relación con su pareja; la joven abuela que declara el tiempo de las azucenas como uno de los mejores momentos de su juventud; la chica deportista que afirma que no sacrificará al basquetbol y sus sueños de ser seleccionada nacional por tener un novio o casarse de blanco sacro.
Todas forman parte de un todo, todas forman parte de ellas mismas, todas se parecen tanto a ellas.
Escrito por Rodrigo Islas Brito
Acerca del autor:
México D.F. 1979.
Guionista y profesor universitario
elperrodeljaibo@hotmail.com
Publicado en: http://eljolgoriocultural.org.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=373&Itemid=358
03 agosto, 2011
13 mayo, 2011
Un dibujo de la Sierra Norte en el tiempo
Yo no conocía Oaxaca cuando Luna Maran me entregó el documental Me parezco tanto a ti para su montaje. Como las personas mienten y el documental también, miré, con encanto y escepticismo al mismo tiempo, las decenas de horas de material de vídeo que mostraban lugares y habitantes de la Sierra Norte. Las miré con encanto porque eran bellas, tanto las imágenes como su contenido: una vieja con una sonrisa hipnótica, una bugambilia con el brillo exacto sobre un pétalo perfecto, la clara bruma de una montaña lo suficientemente grande para ser monumental y lo suficientemente corta para sentirla cerca. Las miré con escepticismo porque todo aquello no podían ser tan bello; era más factible que Luna estuviera muy enamorada de sus montañas.
Pasaron algunas semanas y las imágenes acabaron por ser familiares. La vida en Guelatao y los pueblos contiguos parecía tener su justa dimensión y no me hacían extrañar, a veces, los pisos de losa o concreto, o la idea de un puente vehicular; tampoco me surgía la necesidad de comparar la realidad de la pantalla con la mía, y la acepté como un paralelismo. El concepto "pobreza" rondaba y demandaba reinterpretación.
Cuando hubimos terminado el documental, desde Guadalajara viajamos a la Sierra Norte de Oaxaca para presentarlo frente a quienes lo hicieron posible, los personajes. Al llegar a Guelatao, estacioné el automóvil al final de una corta calle, donde iniciaba un camino pequeñito cuesta arriba -apenas unos 10 metros- hasta la casa donde viven los papás de Luna. Entré y observé desde los ventanales de la casa, que mis antecedentes de concreto y metales etiquetaron como "cabaña", esa bugambilia con el justo filo de luz y la montaña al fondo, ligeramente borrosa por la bruma. Cuando me dirigí al "patio trasero" de la casa, encontré una laguna verdadera, cuidada y exhibida con orgullo durante generaciones. Le dije a Luna: "vives en un parque".
Unos días antes de la presentación conocí a los que el trabajo en el documental me hace llamar personajes. Eran chaparritos y reales. Como los personajes no son montañas ni flores de bugambilia, entendí, durante el poco tiempo que pude observarlos, que la intimidad que esas personas compartieron frente a cámara es preciosa y que no cualquiera puede lograrla.
Llegado el sábado de gloria y con él, la presentación del documental (audazmente enmarcado en un "festival gloria"), esperamos el tiempo extra que el sacerdote decidió tomarse, para que los habitantes llenaran la sala audiovisual de Guelatao.
Poco a poco, fueron apareciendo los demás rostros familiares de las imágenes.
El documental comenzó y, conforme avanzaba, las risas iban saliendo con más soltura. A veces surgían por una puntada de los personajes en las entrevistas, y otras simplemente porque alguien se reconocía en la pantalla. Presumo que pocas veces la rutina diaria, el mercado y el camión de la basura, son dignos de observación o de mención para los habitantes de la Sierra Norte, y de pronto una película les muestra que, por alguna razón, son importantes, junto con las reflexiones que sus vecinas hacen sobre el amor o las aspiraciones no logradas. El documental seguía avanzando y la hazaña de verse aparecer dejó de serlo, y la voz del documental resonó en la sala, cada vez más fuerte, hasta el final.
Tres presentadores expresaron brevemente sus opiniones sobre el trabajo y felicitaron a la realizadora, y después parecía que la presentación sería una de tantas en las que la gente mira la película, se guarda sus impresiones -buenas o malas- para sí, y luego se levanta y se va. Así pareció durante los primeros minutos en que se invitaba a los asistentes a participar con algún comentario (una invitación que casi siempre es pura cortesía), hasta que una primera voz, el padrino orgulloso de la directora, agradeció elocuentemente el trabajo y felicitó a Luna y a sus padres con una emotividad grande y compresible, por ser cercano a la familia. El siguiente en comentar no era de la familia pero parecía igual de conmovido. Lo mismo sucedió con uno o dos más, y luego vino Michel, un personaje -una joven de unos 16 años-, que le habló directamente a Luna con una claridad y profundidad que ponían en duda su edad. Michel dijo a Luna que había visto directamente al alma de cada una de ellas y que había logrado capturarla, y observó -con toda razón- que ése es un don poco frecuente.
Después de Michel, que en mi recuerdo aparece como un clímax, el resto se dibuja como un breve y emotivo final: Luna lloraba silenciosamente, su papá se había levantado para evitar hacer lo mismo en público, su mamá la miraba desde un costado del salón con una expresión a la que "orgullosa" queda corta, y yo me sentía feliz de estar ahí, viéndolo todo. De manera intuitiva -una confirmación del talento de Luna-, se le ocurrió entregar las copias del documental en DVD ahí mismo, a cada uno de los personajes, lo que propició las últimas frases que cada uno compartió públicamente, ya con un ambiente inundado de confianza. No todos tomaron el micrófono con facilidad, pero al final lo hicieron: Lucía trató de ocultar su emoción pidiendo disculpas por su falta de tiempo para recibir a Luna en días anteriores, y empezó a sollozar luego, cuando la palabra "infancia" se coló en su discurso; quiso ocultar su cara detrás del micrófono pero no le alcanzó, entonces se refugió en el hombro de Luna. Ofelia agradeció que la hubieran sacado de la cocina para decir lo que piensa y siente. Lucila, la mayor y más risueña de todas, después de mucha vacilación, cantó el himno con el que concluye el documental.
Viéndolo en retrospectiva, ni la película más cursi hubiera podido igualar aquella escena. Pero todo era real y todos parecían conmovidos... O todos los presentes tendemos a la cursilería. De alguna forma, la esperanza y optimismo con que está cargado ese documental, logró contagiar a los asistentes, que al menos en ese momento y para ojos de un observador ajeno, se sintieron alegres y respetados, pero sobre todo, se sintieron andar sobre el camino correcto hacia el futuro.
He visto en los rostros de otros espectadores de este documental y escuchado en sus opiniones, ya lejos de Guelatao, un entusiasmo similar. ¿Será que todos mis conocidos son cursis o será que la Sierra Norte tiene algo, y que Luna sabe lo que es?
Texto: Sofía Gómez Córdova





Fotografía: Lucía Gómez Córdova
23 de abril 2011
Pasaron algunas semanas y las imágenes acabaron por ser familiares. La vida en Guelatao y los pueblos contiguos parecía tener su justa dimensión y no me hacían extrañar, a veces, los pisos de losa o concreto, o la idea de un puente vehicular; tampoco me surgía la necesidad de comparar la realidad de la pantalla con la mía, y la acepté como un paralelismo. El concepto "pobreza" rondaba y demandaba reinterpretación.
Cuando hubimos terminado el documental, desde Guadalajara viajamos a la Sierra Norte de Oaxaca para presentarlo frente a quienes lo hicieron posible, los personajes. Al llegar a Guelatao, estacioné el automóvil al final de una corta calle, donde iniciaba un camino pequeñito cuesta arriba -apenas unos 10 metros- hasta la casa donde viven los papás de Luna. Entré y observé desde los ventanales de la casa, que mis antecedentes de concreto y metales etiquetaron como "cabaña", esa bugambilia con el justo filo de luz y la montaña al fondo, ligeramente borrosa por la bruma. Cuando me dirigí al "patio trasero" de la casa, encontré una laguna verdadera, cuidada y exhibida con orgullo durante generaciones. Le dije a Luna: "vives en un parque".
Unos días antes de la presentación conocí a los que el trabajo en el documental me hace llamar personajes. Eran chaparritos y reales. Como los personajes no son montañas ni flores de bugambilia, entendí, durante el poco tiempo que pude observarlos, que la intimidad que esas personas compartieron frente a cámara es preciosa y que no cualquiera puede lograrla.
Llegado el sábado de gloria y con él, la presentación del documental (audazmente enmarcado en un "festival gloria"), esperamos el tiempo extra que el sacerdote decidió tomarse, para que los habitantes llenaran la sala audiovisual de Guelatao.
Poco a poco, fueron apareciendo los demás rostros familiares de las imágenes.
El documental comenzó y, conforme avanzaba, las risas iban saliendo con más soltura. A veces surgían por una puntada de los personajes en las entrevistas, y otras simplemente porque alguien se reconocía en la pantalla. Presumo que pocas veces la rutina diaria, el mercado y el camión de la basura, son dignos de observación o de mención para los habitantes de la Sierra Norte, y de pronto una película les muestra que, por alguna razón, son importantes, junto con las reflexiones que sus vecinas hacen sobre el amor o las aspiraciones no logradas. El documental seguía avanzando y la hazaña de verse aparecer dejó de serlo, y la voz del documental resonó en la sala, cada vez más fuerte, hasta el final.
Tres presentadores expresaron brevemente sus opiniones sobre el trabajo y felicitaron a la realizadora, y después parecía que la presentación sería una de tantas en las que la gente mira la película, se guarda sus impresiones -buenas o malas- para sí, y luego se levanta y se va. Así pareció durante los primeros minutos en que se invitaba a los asistentes a participar con algún comentario (una invitación que casi siempre es pura cortesía), hasta que una primera voz, el padrino orgulloso de la directora, agradeció elocuentemente el trabajo y felicitó a Luna y a sus padres con una emotividad grande y compresible, por ser cercano a la familia. El siguiente en comentar no era de la familia pero parecía igual de conmovido. Lo mismo sucedió con uno o dos más, y luego vino Michel, un personaje -una joven de unos 16 años-, que le habló directamente a Luna con una claridad y profundidad que ponían en duda su edad. Michel dijo a Luna que había visto directamente al alma de cada una de ellas y que había logrado capturarla, y observó -con toda razón- que ése es un don poco frecuente.
Después de Michel, que en mi recuerdo aparece como un clímax, el resto se dibuja como un breve y emotivo final: Luna lloraba silenciosamente, su papá se había levantado para evitar hacer lo mismo en público, su mamá la miraba desde un costado del salón con una expresión a la que "orgullosa" queda corta, y yo me sentía feliz de estar ahí, viéndolo todo. De manera intuitiva -una confirmación del talento de Luna-, se le ocurrió entregar las copias del documental en DVD ahí mismo, a cada uno de los personajes, lo que propició las últimas frases que cada uno compartió públicamente, ya con un ambiente inundado de confianza. No todos tomaron el micrófono con facilidad, pero al final lo hicieron: Lucía trató de ocultar su emoción pidiendo disculpas por su falta de tiempo para recibir a Luna en días anteriores, y empezó a sollozar luego, cuando la palabra "infancia" se coló en su discurso; quiso ocultar su cara detrás del micrófono pero no le alcanzó, entonces se refugió en el hombro de Luna. Ofelia agradeció que la hubieran sacado de la cocina para decir lo que piensa y siente. Lucila, la mayor y más risueña de todas, después de mucha vacilación, cantó el himno con el que concluye el documental.
Viéndolo en retrospectiva, ni la película más cursi hubiera podido igualar aquella escena. Pero todo era real y todos parecían conmovidos... O todos los presentes tendemos a la cursilería. De alguna forma, la esperanza y optimismo con que está cargado ese documental, logró contagiar a los asistentes, que al menos en ese momento y para ojos de un observador ajeno, se sintieron alegres y respetados, pero sobre todo, se sintieron andar sobre el camino correcto hacia el futuro.
He visto en los rostros de otros espectadores de este documental y escuchado en sus opiniones, ya lejos de Guelatao, un entusiasmo similar. ¿Será que todos mis conocidos son cursis o será que la Sierra Norte tiene algo, y que Luna sabe lo que es?
Texto: Sofía Gómez Córdova





Fotografía: Lucía Gómez Córdova
23 de abril 2011
07 abril, 2011
"ME PAREZCO TANTO A TI"
Premio Universitario 7º Festival de Video y Cine Indígena, Morelia, 2011
Selección Oficial, 18 FLVR Festival Latinoamericano de video y artes audiovisuales Rosario 2011
Del 2 al 11 septiembre, Rosario, Argentina.
www. flvr.com.ar/18flvr
Selección Oficial, 7º Festival de cine y video indígena
Del 29 de agosto al 7 de septiembre, Morelia, Michoacan
www.fecvi.com

Sinopsis
Tres abuelas y tres jóvenes de la Sierra Norte del estado de Oaxaca nos cuentan cuáles fueron y cuáles son sus aspiraciones más íntimas. Me parezco tanto a ti retrata el paso de tres generaciones de mujeres a través de los sueños y las oportunidades del pasado, del presente y del futuro.
Duración 23 minutos
Con la participación de:
Cecilia Ruiz López
Lucia Sánchez Martínez
Lucila Arce Hernández
Michel Aguilar Enriquez
Natalia Wezyla García Morales
Ofelia Bautista Mendoza

Realización:
Luna Maran
Fotografía:
Jhasua Camarena- Luna Maran
Edición:
Sofía Gómez Córdova- Luna Maran
Diseño Sonoro:
Sofía Gómez Córdova
Música Original:
Kenji Kishi

Me parezco tanto a ti
Luego de presentar en festivales nacionales e internacionales su cortometraje de ficción Nocturnos, la joven realizadora Luna Maran se ha concentrado en la dirección del documental corto Me parezco tanto a ti. Y se trata de un salto cualitativo importante, pues este retrato de varias mujeres indígenas (o al menos con esa ascendencia) de la Sierra Norte de Oaxaca, se aparta con fortuna de ejercicios similares, por lo general solemnes y más cercanos al reportaje que a la construcción cinematográfica.
El filme tiene varios aciertos. El primero es una frescura y una vitalidad inusuales. En aras de una profundidad de superficie, propia de la mirada del extranjero, una cantidad amplia de documentales se dedican a explotar la miseria y marginación de estos pueblos. Aunque algunos de estos trabajos pueden ser honestos, da gusto encontrarse con visiones distintas, menos acartonadas. Probablemente esta característica obedece a que la directora es originaria de la región, lo que le permite abordar el tema con conocimiento real de la dinámica interna de esas sociedades, así como poner el foco en el lado más humano y universal, representado en sueños y anhelos que fluyen sinceros ante la cámara.
Con un tono festivo, las mujeres entrevistadas resumen brevemente su forma de ver la vida y el amor, la realización social paralela a la emocional. Ahí está la adolescente embarazada, el lugar común en estas poblaciones. Lo que la vuelve distinta son las aspiraciones que ella misma nos platica. Parecen ser opuestas a las de sus generaciones
pasadas (madres y abuelas, de alguna forma también retratadas en las personas mayores del documental), sin embargo, y aquí entra la complejidad inherente al caso, puede ser que termine casi igual que ellas. O quizá no. En sus palabras, la chica deja ver una claridad que, solo tal vez (ahí radica el posible cambio), le permita llevar a cabo sus objetivos de estabilidad económica y de pareja. Bastante disímiles estos de los narrados por algunas de sus antecesoras, quienes muchas veces lo único a lo que podían aspirar era a que su futuro esposo no fuera un alcohólico golpeador.

De la misma forma atendemos las particularidades de otras cuatro mujeres, dos igual de jóvenes que la muchacha embarazada, y otras dos ancianas. La yuxtaposición de sus testimonios logran dibujar con claridad un mapa de la educación sentimental de un tipo específico de mujer mexicana, la cual sin embargo puede resonar en sectores mucho más amplios. He aquí uno de los logros claros y para nada menores, el poder conjugar una mirada de fondo con una narrativa simpática y ligera.
Maran echa mano de diferentes técnicas, como material de archivo en blanco y negro, que utiliza de una manera más poética (con algunos timelapses en el mismo sentido), a modo de transiciones entre secuencias más informativas. También hay primeros planos, o seguimientos a la cotidianidad de sus personajes, acompañados de música que potencia el tono del filme, sobre todo hacia la conclusión.
La reflexión que desde el mismo título intenta plantear este trabajo es que, a pesar de la evolución social de las comunidades en las que nos desenvolvemos, en esencia, por muy modernos que nos queramos mostrar, los seres humanos seguimos teniendo los mismos deseos básicos, en los que depositamos una vez más nuestra idea de plenitud o felicidad. Nos gusta sentirnos adelantados, pero en realidad seguimos siendo los de siempre.
Texto: Fernando del Razo
Selección Oficial, 18 FLVR Festival Latinoamericano de video y artes audiovisuales Rosario 2011
Del 2 al 11 septiembre, Rosario, Argentina.
www. flvr.com.ar/18flvr
Selección Oficial, 7º Festival de cine y video indígena
Del 29 de agosto al 7 de septiembre, Morelia, Michoacan
www.fecvi.com

Sinopsis
Tres abuelas y tres jóvenes de la Sierra Norte del estado de Oaxaca nos cuentan cuáles fueron y cuáles son sus aspiraciones más íntimas. Me parezco tanto a ti retrata el paso de tres generaciones de mujeres a través de los sueños y las oportunidades del pasado, del presente y del futuro.
Duración 23 minutos
Con la participación de:
Cecilia Ruiz López
Lucia Sánchez Martínez
Lucila Arce Hernández
Michel Aguilar Enriquez
Natalia Wezyla García Morales
Ofelia Bautista Mendoza

Realización:
Luna Maran
Fotografía:
Jhasua Camarena- Luna Maran
Edición:
Sofía Gómez Córdova- Luna Maran
Diseño Sonoro:
Sofía Gómez Córdova
Música Original:
Kenji Kishi

Me parezco tanto a ti
Luego de presentar en festivales nacionales e internacionales su cortometraje de ficción Nocturnos, la joven realizadora Luna Maran se ha concentrado en la dirección del documental corto Me parezco tanto a ti. Y se trata de un salto cualitativo importante, pues este retrato de varias mujeres indígenas (o al menos con esa ascendencia) de la Sierra Norte de Oaxaca, se aparta con fortuna de ejercicios similares, por lo general solemnes y más cercanos al reportaje que a la construcción cinematográfica.
El filme tiene varios aciertos. El primero es una frescura y una vitalidad inusuales. En aras de una profundidad de superficie, propia de la mirada del extranjero, una cantidad amplia de documentales se dedican a explotar la miseria y marginación de estos pueblos. Aunque algunos de estos trabajos pueden ser honestos, da gusto encontrarse con visiones distintas, menos acartonadas. Probablemente esta característica obedece a que la directora es originaria de la región, lo que le permite abordar el tema con conocimiento real de la dinámica interna de esas sociedades, así como poner el foco en el lado más humano y universal, representado en sueños y anhelos que fluyen sinceros ante la cámara.
Con un tono festivo, las mujeres entrevistadas resumen brevemente su forma de ver la vida y el amor, la realización social paralela a la emocional. Ahí está la adolescente embarazada, el lugar común en estas poblaciones. Lo que la vuelve distinta son las aspiraciones que ella misma nos platica. Parecen ser opuestas a las de sus generaciones
pasadas (madres y abuelas, de alguna forma también retratadas en las personas mayores del documental), sin embargo, y aquí entra la complejidad inherente al caso, puede ser que termine casi igual que ellas. O quizá no. En sus palabras, la chica deja ver una claridad que, solo tal vez (ahí radica el posible cambio), le permita llevar a cabo sus objetivos de estabilidad económica y de pareja. Bastante disímiles estos de los narrados por algunas de sus antecesoras, quienes muchas veces lo único a lo que podían aspirar era a que su futuro esposo no fuera un alcohólico golpeador.

De la misma forma atendemos las particularidades de otras cuatro mujeres, dos igual de jóvenes que la muchacha embarazada, y otras dos ancianas. La yuxtaposición de sus testimonios logran dibujar con claridad un mapa de la educación sentimental de un tipo específico de mujer mexicana, la cual sin embargo puede resonar en sectores mucho más amplios. He aquí uno de los logros claros y para nada menores, el poder conjugar una mirada de fondo con una narrativa simpática y ligera.
Maran echa mano de diferentes técnicas, como material de archivo en blanco y negro, que utiliza de una manera más poética (con algunos timelapses en el mismo sentido), a modo de transiciones entre secuencias más informativas. También hay primeros planos, o seguimientos a la cotidianidad de sus personajes, acompañados de música que potencia el tono del filme, sobre todo hacia la conclusión.
La reflexión que desde el mismo título intenta plantear este trabajo es que, a pesar de la evolución social de las comunidades en las que nos desenvolvemos, en esencia, por muy modernos que nos queramos mostrar, los seres humanos seguimos teniendo los mismos deseos básicos, en los que depositamos una vez más nuestra idea de plenitud o felicidad. Nos gusta sentirnos adelantados, pero en realidad seguimos siendo los de siempre.
Texto: Fernando del Razo
10 marzo, 2011
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